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Conclusión de las Jornadas

 

Al referirnos al Derecho de Autodeterminación inmediatamente nos vienen a la mente ciertos conceptos. En efecto, nos remite a un territorio y a la población que lo habita. Aparecen ingredientes como la cultura, la historia compartida, la lengua… Todos estos elementos podrían cristalizar en la idea de pueblo, de nación. Pero ademaś, surgen otros elementos que nos proyectan hacia el futuro, como las aspiraciones, ideales, necesidades compartidas por quienes habitan y constituyen ese pueblo. Tal vez la pretensión de llevar a la práctica esos anhelos genere confrontación, conflicto, vulneración de derechos humanos, incluso guerra.

Entonces, surgirá con fuerza el elemento de la voluntad popular como instrumento para reconducir esa situación, para plasmar esas aspiraciones, para decidir de forma compartida el estatus de ese pueblo y las relaciones que tendrá con los que le rodean.Parece que la legislación internacional no ha sabido dar una solución a este dilema, una respuesta nítida a la manera de ejercer el Derecho de todeterminación. Por un lado lo reconoce con total solemnidad en sus principales cartas y pactos. Pero también lo conforma al límite del respeto a la integridad territorial de los estados, o reconduciéndolo al proceso de descolonización.

 

Sin embargo, vemos que estos límites no han podido ser absolutos, ya que el ejercicio del Derecho de Autodeterminación se ha abierto camino en la práctica. En el último siglo se han producido al menos 20 casos de secesión, en el que variando las fronteras de los Estados, se ha hecho efectiva la independencia de otras tantas naciones.

Vemos que hay varias naciones más que se agolpan ante el umbral del Derecho de Autodeterminación, para transpasarlo y acceder a su pleno autogobierno y soberanía. Así, de este hecho actual de la creación de nuevos estados, en base a los criterios anteriormente apuntados, se puede  sprender un concepto de síntesis: el “Autodeterminismo democrático”. Lo podríamos formular como el ejercicio pleno de los derechos humanos, que exige la previa y total eliminación de cualquier tipo de presión o injerencia externa, para que se pueda plasmar la voluntad popular expresada directa y democráticamente, sobre todo el elenco de proyectos posibles. Incluida la independencia. No entendida como un fín, sino como un instrumento básico para la consecución de una sociedad más justa y libre.

Procesos hacia la materialización de los derechos colectivos de los pueblos: casos de estudio Los derechos colectivos obedecen a una realidad innegable. Aunque las personas que nos hemos reunido en esta conferencia conocemos por experiencia propia lo difícil que puede llegar a ser el que se nos reconozcan nuestros derechos y la posibilidad de ejercerlos, las experiencias expuestas en esta segunda conferencia nos recuerdan las palabras de Copernico cuando manifestaba a aquello de que, “sin embargo se mueve”.

La experiencia internacional nos muestra que en la actualidad vivimos un tiempo donde a pesar de las contradicciones que podamos observar, tendemos hacia una era de un mayor reconocimiento de los pueblos y sus derechos.

Sin embargo, no debemos llamarnos al equívoco, el reconocimiento o la negación de los derechos colectivos de los pueblos sufre de mentalidad colonial y asimilacionista. No corresponde a la metrópoli reconocer los derechos de nadie de un modo paternalista, sino aceptar aquello que decida quién corresponde que nos es otro que el pueblo reconocido como tal. Hemos sufrido demasiado como para agradecer que quién ha negado nuestra existencia su magnanimidad colonialista. Existimos, luego decidimos.

Las experiencias son variadas y sus resultados también. Hemos podido observar, sin embargo que el primer brote ha de originarse en la sociedad organizada, que su impulso es imprescindible y previo a que la sociedad política reconozca su ejercicio. La experiencia de los municipios catalanes se nos presenta como un ejemplo en ese sentido. Ciudadanos conscientes de sus derechos, sociedad organizada comprometida con permitir a sus conciudadanos que se expresen, cargos electos que facilitan con sus potestades el ejercicio. Y todo ello con un claro objetivo en un camino de largo andar, llegar a ser movilizador de conciencias y actitudes, de facilitar que aquello que se nos presenta a modo de tabú, pueda ser tratado con normalidad e incluso aquel que lo niegue se atreva a dar el paso de confrontar

su opinión con la opinión proscrita, aquella que a pesar del ordenamiento urídico y la desinformación reivindica los derechos colectivos y su ejercicio. Por tanto, desde Euskal Herria, y ante una representación transnacional y transfronteriza, observamos que el ejercicio de los derechos colectivos, primero requiere que la sociedad organizada se movilice, y que frente a la negación de los estados, los pueblos encuentren la forma de manifestarse como tal en el más elemental de los ejercicios colectivos, decidir sobre uno mismo.

Pero esto no es suficiente. La voluntad de nuestros vecinos nos determina. En Groenlandia una población que no supera los 200.000 habitantes tiene derecho a decidir su futuro; esto no pasa en cambio con el pueblo kurdo a pesar de ser mas de 32 millones. Parece ser que Dinamarca no se parece mucho a España, tampoco el Reino Unido a Turkia.

Por lo tanto, la voluntad popular a de ser suficiente. A nivel institucional el ejemplo irlandes, entre otros, nos demuestra que es posible. Los acuerdos de Sttormont establecieron los compromisos que debían de adquirir las dos comunidades en conflicto para su resolución: la primera las obliga a entenderse; la segunda a respetarse. El estado no es mas aquí el límite al que enfrentarse, sino el marco a partir del cual es posible el ejercicio de la soberania popular. El poder político se sitúa detrás de la voluntad popular expresada y gracias al compromiso de que, sea la que sea, será respetado el pueblo se pone en marcha para superar un conflicto de décadas. El derecho de autodeterminación es por tanto, la llave que sitúa los derechos colectivos en el marco de los derechos humanos, y protege la riqueza propia de la diversidad.

Euskal Herria, 28 de marzo del 2010

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